Delito contra la libertad de prensa


El Art. 161 del código penal prescribe: "Sufrirá prisión de uno a seis meses, el que impidiere o estorbare la libre circulación de un libro o periódico".

Dentro de este tipo penal hay varios términos que habría que actualizar al siglo XXI, ya que la doctrina p. ej. Donna o Creus, al hablar del mismo expresan que tanto el libro como el periódico deben ser impresos para quedar protegidos por la norma penal. Pero hoy en día, el avance de los medios de comunicación y la digitalización del canal de la información, reclaman la protección de los libros o periódicos digitales.

Podríamos decir que el fin de la norma es el de evitar la censura previa en la publicación de las ideas, protegidas por el Art. 14 de la Constitución Nacional, yendo más allá de la libertad de prensa. Las ideas hoy son publicadas no sólo en papel, sino que a través de páginas webs, revistas digitales, mails, blogs, etc. Por eso y por ser la posibilidad de expresarlas el motor de toda democracia y de la evolución social, es de suma importancia su protección.

Con respecto al contenido de la información, es necesario mencionar que en 1906 se sancionaba publicar contenidos ilícitos, pero que posteriormente, en 1917, se eliminó lo referente a los contenidos ilícitos al observarse que ello podría acarrear censura previa. Lo que me lleva a dudar sobre la validez del Art. 3 de la ley 23.592 que pena a los que "realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma". Dejando en claro que personalmente no sostengo dichas ideas, pero si sostengo la libertad de publicarlas sin censura previa. Si la libertad de expresión se limitare a lo que el Estado determine como licito, desaparecería la posibilidad de generar nuevas ideas y se estaría censurando.

Por otro lado, estorbar o impedir la libre circulación de un libro o un periódico y los derechos de autor parecen colisionar. Por ejemplo, el cobro de un precio cierto en dinero para acceder a la información, impide la libre circulación, porque libre es sin obstaculizar. Aunque duela a las editoriales, es libre quien tiene los medios económicos para pagar el precio, los demás se ven impedidos. Pero en un sistema capitalista ¿qué podrían hacer para subsistir los editores si no es cobrar? La censura previa aparecería al vulnerarse el derecho de la sociedad a la información, a las ideas, a las creaciones intelectuales. Porque ¿qué sentido tendría publicar ideas si no pueden llegar a la población? ¿O acaso el acceso a la información es sólo para los que pueden pagarla?

Si observamos el tipo penal, es notoria la vaguedad del mismo, por lo tanto es necesario definir el alcance de la expresión "estorbar o impedir la libre circulación". El cual va a estar influenciado por la ideología de quien la defina, por ejemplo abarcando o no el cobro del acceso a la información como una forma de estorbar o impedirla, y por lo tanto como conducta delictiva. Pero entonces ¿qué pasaría con el derecho a trabajar y a ejercer toda industria licita? Licita sería siempre y cuando no contravenga una norma legal, como el artículo bajo análisis. Porque el comercio se encuentra limitado, no todo se puede comercializar, como p. ej. los estupefacientes, que están fuera del comercio. Pero las ideas ¿se pueden comercializar?

Los frutos del intelecto vienen condicionados en gran medida por el contexto historio, político, económico y cultural de la persona que piensa, toma datos, los analiza y los sintetiza. El razonamiento se encuentra estructurado sobre pilares dogmaticos heredados por las generaciones y que tienden a la evolución del ser humano. Una persona fuera de la sociedad, en estado naturalis no lograría superar la edad de piedra, pero la historia le da herramientas que lo ayudan a solucionar los nuevos conflictos y lo inician como un ser contemporáneo. Si nos olvidamos de esto, es fácil deducir que las ideas son de quien las tiene y concluir que forman parte de su propiedad y como tal comercializables. Sin embargo, si aceptamos que sin la sociedad la persona no hubiera podido realizar la idea, es difícil defender que sea propietario de la misma. La idea como propiedad privada choca con su naturaliza innata, que es la de trascender a través de la comunicación a la sociedad. Si limitamos trasmitir la información con un "derecho de paso", la estamos censurando, estamos estorbando o impidiendo la libre circulación.

En igual sentido, todo esto destruiría el comercio de las ideas, gran motor (¿u obstáculo?) de su evolución.

¿La clase de pena vincula al juez?


La pena como medio de reinserción de un individuo a la sociedad, se encuentra limitada por el código penal en cuatro formas, prisión, reclusión, multa e inhabilitación. A su vez cada conducta delictiva posee una sanción específica dentro de la norma que castiga la conducta. Esta pena o medida de reinserción obliga al juez a aplicarla, sin tener en cuenta realmente qué es lo que en realidad debería o le convendría hacer al sujeto que violó el comportamiento deseado o mejor dicho, que obró de acuerdo al comportamiento prescripto.

Gracias al principio de legalidad, el tipo debe describir acabadamente la conducta y la sanción, para que el sujeto conozca de antemano el proceder indeseado y su consecuencia y operen a su vez las teorías de la prevención general negativa y positiva, impidiéndole al poder judicial aplicar otra pena que sea más gravosa que la prescripta en la ley penal.

¿Pero si es una pena menos gravosa?

Doctrina autorizada viene sosteniendo que los mínimos legales de los tipos penales no son vinculantes para el juez, al poder violarse el principio de proporcionalidad o de culpabilidad de la pena, generando en caso contrario un reproche excesivo para el sujeto. Este razonamiento de la mano del principio pro hominem comienzan a tender una mano para humanizar las penas y a la vez hacerlas más efectivas.

Ahora bien, supongamos que una persona conduciendo su automóvil atropella a otra y le produce lesiones graves, el tipo penal autoriza al juez para aplicarle una sanción que no puede exceder los 15 años de prisión si es un delito doloso y 3 años de prisión o multa de $15.000 más inhabilitación por 4 años si es culposo. Como vemos el juez tiene para elegir entre privarlo de la libertad o sancionarlo económicamente, más inhabilitación.

En igual sentido, si de acuerdo a las características del delito el sujeto "merece" otra clase de medida socializadora, p. ej., acudir a los hospitales a ayudar a las personas lesionadas en accidentes de tránsito a rehabilitarse, forma efectiva y a no dudarlo de concientización del individuo, salvo que se llegue a una suspensión del juicio a prueba, difícil en el caso de ser un delito doloso, el juez tiene las manos atadas para aplicar la pena antedicha. Es decir que desperdiciamos la efectividad de la medida socializadora en el caso de existir "malicia" que podría reducir notablemente esta clase de delitos.

En estos supuestos, no siendo vinculates los mínimos penales para el juez y en base al principio pro hominem, debería poderse aplicar una pena menor y diferente -menos gravosa pero más efectiva- al sujeto para poder socializarse, tomando conciencia de que su actuar fue disvalioso. Por supuesto, respetando el máximo legal, tope al ius puniendi del Estado y respetándose la dignidad de la persona.

Resulta poco creible resocializar a un individuo aplicandole las penas del código penal. ¿En que medida puede cambiarle el comportamiento a un sujeto privarlo de la libertad ambulatoria si su acto delictivo no tuvo que ver con ella? ¿Por qué privar de la libertad a un sujeto que demostró malicia o desinterés en vez de concientizarlo de la importancia de no dañar a otro? No puede ser que para cualquier delito se tenga que aplicar prisión, multa o inhabilitación. Con esas sanciones las penas siguen siendo meramente retributivas.

No hay que discriminar


¿Qué diferencia existe entre una adicción y un mal hábito?

La RAE define la adicción como "Hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos." Mientras que al hábito lo define como "Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas." A renglón seguido dice que hábito es "Situación de dependencia respecto de ciertas drogas."

Por lo tanto, una adicción es un hábito que produce dependencia, admitiéndose que hasta podría ser instintiva, y un hábito, situación de dependencia, es una adicción (?) Que raro, suena tautológico.

De todas formas, me interesa más la primera definición de hábito, como un "modo especial de proceder o conducirse
adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas", porque parece demostrar mejor el significado de la palabra.

Ahora bien, pregunto, si la adicción se origina en una tendencia instintiva, al prohibirse determinados hábitos, ¿no estaremos prohibiendo "la forma de ser" innata de determinadas personas? ¿Qué diferencia hay entre prohibir un color de piel y prohibir una expresión de una personalidad? Por supuesto que en el pasado no se prohibía el color de piel, se prohibía que la persona de color (?) viajara junto a las personas con falta de color (?), digamos que como hoy en día se suele hacer, indirectamente se prohibían personalidades, discriminando injustamente en razón de un ideal deber ser.

Por otro lado, un proceder adquirido por repetición, suena mucho a costumbre, a cultura, a usos sociales, que, como tales, pueden ser valorados moralmente. Y es acá donde quería llegar.

Quien crea en una moral absoluta e inmutable está descontextualizado, es un ser del pasado en un presente que no comprende, un presente mutable y relativo, dinámico y subjetivo, que se nutre de la pluralidad de visiones y no del absolutismo, el absolutismo lo dejamos para los monarcas decapitados. Hoy en día no se puede imponer una verdad, porque ella no existe como tal cosa universal.

Entonces, el hábito, modo común del hombre de adquirir estabilidad en una "realidad" inestable, es necesario para equilibrarnos, y si es necesario es bueno (?), pero dependiendo de quién lo analice es malo, por lo tanto ya no tiene sentido valorar el hábito moralmente, porque se autocancela.

De todas formas, la democracia entendida como una "filosofía de vida" necesita de la diversidad, hasta el cansancio habrá que repetir que los distintos sólo son diferentes en la proyección ideal que hacemos, en sustancia, somos la misma cosa, la misma especie, pero con distintos gustos.

Por eso, por favor, no me discriminen.

(YO fumador)