Los estupefacientes, el prohibicionismo ante la educación.

Por Francisco N. Ferrón

Creo que lo fundamental en éste tema es la educación de la población en general y del consumidor en particular. Pero esto es diametralmente opuesto al prohibicionismo.

El prohibicionismo -autoritario- no permite el libre juego de los argumentos, sino que intenta determinar de antemano que pienses lo que pienses no importa. Es la típica expresión ipso iure. Y que tanto atenta contra el principio de racionalidad de los actos de gobierno. Justamente, porque la disparidad está en que educar es pensar y prohibir obedecer.

En igual sentido, la prohibición de una conducta lleva aparejado -en mayor o en menor medida- una connotación negativa, que determina la inmoralidad de la acción. No todas las personas pueden diferenciar entre delito y pecado, que mínimamente están –en algo- relacionados.

Dentro de una sociedad como la nuestra -que está en pañales en el entendimiento de lo que es un Estado de Derecho- se genera a través del prohibicionismo, un juego de inmoralidad-tabú-ilicitud. Del cual hay que salir paulatinamente con la evolución de la sociedad. Porque el tabú impide el libre dialogo y el profundo entendimiento de las cosas.

Pero por otro lado, tenemos entendimientos más profundos de la realidad, en donde se comprende que el delito no necesariamente es inmoral y por lo tanto el tabú no juega papel alguno en el asunto. Para estos casos, una norma que prohíba conductas inmorales es perfectamente repudiable. Porque el Estado no puede inmiscuirse en las valoraciones individuales de las conductas, aunque indirectamente lo haga al prohibirla.

Creo que no hay que olvidarse que el placer no es ni fue siempre bien visto, típico ejemplo es el sexo. "Que inmoral son los promiscuos". "Que poco respeto a su persona mantener relaciones sexuales con muchas personas", dicen.

Sin embargo, lo que antes era un tabú, paulatinamente fue y va evolucionando. Hoy en día la libertad sexual es mucho más amplia que en el pasado. Ya no es muy común llegar virgen al matrimonio, si es que se llega.

Con esto quiero decir que la moral -como todos sabemos- va cambiando y que las normas no pueden desoír esa evolución. Porque si una norma es injusta tarde o temprano deja de obedecerse. El papel estático de las normas y el dinámico de la realidad social, tienen que ir armonizándose. Si es que se intenta que no sean simplemente declaraciones vacías y sin sentido.

De todas formas, ésta dicotomía entre el tabú y la inmoralidad van de la mano del oscurantismo, de la ignorancia y de falta de necesidad de modificar la realidad. Una realidad en la cual pienses lo que pienses se debe obedecer, o sea, estamos frente al prohibicionismo.

Por eso, el proceso de entendimiento y de evolución social, es mucho más difícil en estos casos, porque la sociedad tiene que vencer mayores obstáculos para comprender el verdadero substractum de lo real. Pero que, sin duda, puede ser llevado a cabo de todas formas.

Igualmente, si hay que inclinarse por algún tipo de política determinada, lo mejor sería inclinarse por la educativa, que es en la cual se pueden conjugar mejor los derechos individuales con los sociales, respetando la libertad de decisión de cada individuo pero en miras al bien común. Y sin criminalizar conductas que posteriormente son declaradas inconstitucionales por inmiscuirse en la esfera privada de las personas.

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