Llamemos a las cosas por su nombre

Por Francisco N. Ferrón

Una cuestión que me llama mucho la atención es el empecinamiento que existe en la doctrina procesalista de cambiar los nombres o maneras de hacer mención a los individuos de la sociedad cuando están enfrentados al órgano jurisdiccional.
No es de extrañar que toda persona que se ve sometida a un proceso penal, en el transcurso del mismo y posteriormente, sea individualizada de una forma determinada. Al comenzar el proceso se lo llama imputado, detenido, "demorado", "sospechoso de la comisión de un delito", etc. Posteriormente se lo denomina procesado, reo, preso, "delincuente", privado de su libertad, tumbero, etc.
Lo que resulta evidente, es la intención de hacer notar ante los ojos de la sociedad que tal individuo se encuentra cumpliendo un rol determinado dentro de una realidad concreta. Ésta realidad es parte de una realidad más amplia, la realidad social.
Dentro de la realidad social todos los individuos somos personas, sujetos de derechos, hombres, mujeres, jóvenes, adultos. Mediante lo cual se resalta en cada uno de los sustantivos una dignidad particular y una valoración social positiva.

Tal vez esté equivocado, pero personalmente interpreto que la sociedad cuando lee o escucha la palabra preso, delincuente, tumbero, procesado, imputado y demás, hace una valoración negativa de la persona a la cual se la caracterizada con dicho sustantivo. Indignificando (utilicemos neologías) al sujeto portador del mismo y apartándolo -si se quiere decir- del hombre, de la mujer, del sujeto de derechos, de la persona, en sí, de un individuo que goza de cierto grado de dignidad por el simple hecho de formar parte de la realidad social. No hay que olvidar la enorme asociación que todavía existe entre delito y pecado.

Esto me lleva -conjuntamente a lo anterior y aunque sea muy sutil la analogía- a cuestionar la caracterización que se hace de los individuos por su ubicación social tanto educativa como económica. Que desde el Derecho Romano, gracias a la reforma de Servio Tulio que organizó a la sociedad romana -en cuestiones castrenses principalmente- según el número de extensión territorial que se poseía. Librando las decisiones del "Estado" a un porcentaje de individuos con mayor capital. Se reforzó -de ésta manera- la tesis de hacer distinciones dentro de la realidad social por el poder económico. Que al fin y al cabo, no tiene otro resultado que diferenciarnos.

Para finalizar me gustaría recordar que cuando una persona se ve sometida a un proceso penal, no por ello pierde su dignidad. Por lo tanto llamemosles por su nombre.